Duelo migratorio y síndrome de Ulises: qué son y cómo se tratan
Por viviana navarro - 30 Septiembre 2026
En resumen: Irse del país no es solo cambiar de dirección. Se dejan atrás siete cosas a la vez —la familia, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el grupo de pertenencia y la seguridad física— y cada una se llora por separado. Eso es el duelo migratorio, y es normal. Cuando ocurre en condiciones muy duras y se vuelve crónico, se llama síndrome de Ulises: no es una enfermedad mental, es una reacción de estrés extremo, y se confunde tan a menudo con una depresión que muchas personas terminan con el tratamiento equivocado.
Casi cinco millones de colombianos viven fuera del país. Entre 2019 y 2024 se fueron 1,75 millones sin volver. Uno de cada tres está en Estados Unidos y casi uno de cada cuatro en España.
Muchos de ellos llegan bien: consiguen trabajo, se acomodan, arman una vida. Y aun así, algo duele de una forma que cuesta nombrar. No es tristeza exactamente. No es arrepentimiento. Es una mezcla de cansancio, de extrañar, de sentirse fuera de lugar en los dos lados: allá ya no eres de ahí, y acá todavía no eres de aquí.
Eso tiene nombre.
Qué es el duelo migratorio
El duelo migratorio es el proceso de elaborar todo lo que se pierde al emigrar. Lo describió el psiquiatra Joseba Achotegui, de la Universidad de Barcelona, que lleva trabajando con población migrante desde 1982.
Su aporte más útil es haber mostrado que no se pierde una cosa, sino siete a la vez:
- La familia y los seres queridos. El más evidente y el más doloroso, sobre todo si quedaron atrás hijos pequeños o padres enfermos.
- La lengua. Incluso migrando a otro país hispanohablante: cambian los modismos, el humor, el tono. Se pierde la capacidad de hacer reír.
- La cultura. Las formas de saludar, de comer, de tratar a los demás, de entender qué es ser puntual o cercano.
- La tierra. El paisaje, el clima, la luz, los olores. Suena menor y es de los que más pesa.
- El estatus social. Profesionales que allá eran alguien y acá empiezan de cero, muchas veces en oficios que no tienen que ver con lo que estudiaron.
- El contacto con el grupo de pertenencia. Dejar de ser mayoría. Pasar a ser "el extranjero" en cada trámite y cada conversación.
- La seguridad física. Los riesgos del viaje, del trabajo informal, de la situación irregular.
Que esto tiene consecuencias sobre la salud mental no es solo impresión clínica. Una revisión sistemática publicada en 2024, que reunió los estudios disponibles sobre duelo migratorio, encontró que todos ellos hallaron una relación significativa entre el duelo migratorio y el malestar psicológico (Renner et al., 2024). Es una literatura todavía pequeña, con muestras reducidas, pero apunta toda en la misma dirección.
Cada uno de esos duelos se elabora aparte, y por eso el proceso es tan largo: no es un duelo, son siete simultáneos. Esto, además, explica algo que desconcierta a muchas familias: se puede estar bien objetivamente y mal por dentro. Tener trabajo y papeles resuelve algunos de los siete, no todos.
No todos los duelos migratorios son iguales
Achotegui distingue tres niveles, y la diferencia entre ellos no está en cuánto se sufre sino en si el duelo se puede elaborar:
- Duelo simple. Se emigra en buenas condiciones. Se puede visitar a la familia, traerla, volver si hace falta. Duele, y se elabora.
- Duelo complicado. Se dejan atrás hijos pequeños o padres enfermos, pero existe la posibilidad real de regresar o de traerlos.
- Duelo extremo. Se deja atrás a la familia sin posibilidad de traerla, ni de volver, ni siquiera de ayudarla. Aquí el duelo no se puede elaborar, porque la pérdida nunca termina de cerrarse.
Es en ese tercer nivel donde aparece el síndrome de Ulises.
Qué es el síndrome de Ulises
Achotegui acuñó el término en 2002. Su nombre técnico es síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple, y el apodo viene del héroe griego que pasó años de adversidades lejos de los suyos.
Hay un punto que conviene decir con todas las letras: el síndrome de Ulises no es un trastorno mental. Achotegui es explícito en que se trata de un cuadro reactivo de estrés, en el límite de la psicopatología pero fuera de ella. La persona no está enferma: está respondiendo de forma esperable a una situación que supera la capacidad de adaptación de cualquiera.
De hecho, hay un detalle clínico que lo distingue de un trastorno adaptativo: en el trastorno adaptativo hay un deterioro significativo de la actividad social o laboral. En el síndrome de Ulises, la persona sigue funcionando. Sigue trabajando, sigue mandando remesas, sigue adelante. Por eso pasa desapercibido tanto tiempo.
El objetivo de nombrarlo y atenderlo es justamente ese: evitar que el desgaste sostenido termine convirtiéndose en un trastorno mental de verdad.
Los cuatro estresores que lo producen
No es la migración en sí la que enferma, sino una combinación concreta de condiciones:
- La soledad forzada. No la de quien está solo un rato, sino la de quien no puede reunirse con los suyos aunque quiera. Achotegui la señala como el estresor central.
- El fracaso del proyecto migratorio. No lograr salir adelante después de todo lo que costó irse, y no poder volver con ese fracaso a cuestas.
- La lucha por la supervivencia. Comer mal, dormir poco, trabajar de más, mandar plata a casa antes que a uno mismo.
- El miedo. A la detención, a la deportación, al abuso, a los riesgos físicos del viaje o del trabajo informal.
Los cuatro se potencian entre sí. Y hay un quinto factor silencioso: la ausencia de red de apoyo, que es lo que convierte un estrés difícil en un estrés crónico.
Los síntomas
Achotegui los agrupa en cuatro áreas. Reconocer que vienen juntos es lo que permite identificar el cuadro:
- Área depresiva: tristeza y llanto. La culpa aparece con especial fuerza en migrantes latinoamericanos, que tienden a sentirse responsables de todo lo que les pasa. Las ideas de muerte, en cambio, no son frecuentes: suele conservarse un fuerte deseo de seguir viviendo, muchas veces sostenido por los hijos que esperan al otro lado.
- Área de ansiedad: tensión y nerviosismo permanentes, preocupaciones excesivas y recurrentes, irritabilidad, insomnio.
- Área de somatización: aquí está el síntoma más característico del cuadro, la cefalea, junto con fatiga y dolores osteomusculares, sobre todo de espalda y articulaciones. Muchos pacientes hispanoamericanos lo describen como dolor "en las coyunturas".
- Área confusional: fallos de memoria y de atención, sensación de estar perdido, desorientación en el tiempo. A veces, perderse físicamente en la ciudad.
Por qué se confunde con una depresión
Esta es la parte que más importa si estás leyendo esto desde fuera de Colombia.
Los síntomas del síndrome de Ulises se parecen mucho a los de una depresión: tristeza, llanto, insomnio, cansancio, dolores. Un profesional que no conozca el contexto migratorio ve ese cuadro y diagnostica lo que le resulta familiar. Achotegui advierte que esa sintomatología se diagnostica erróneamente como trastorno depresivo o psicótico, y que eso lleva a tratamientos inadecuados, a veces dañinos, y a pruebas médicas innecesarias.
La diferencia es de causa, no de síntoma. Una depresión tiene su propia lógica interna. El síndrome de Ulises es la respuesta a unos estresores identificables que siguen ahí. Medicar el síntoma sin tocar la soledad, el miedo o el fracaso del proyecto es tratar la fiebre e ignorar la infección.
El problema está tan reconocido que existe una herramienta específica para evitarlo: la Entrevista de Formulación Cultural del DSM-5-TR, diseñada justamente para que el profesional no lea el malestar de una persona desde un marco cultural que no es el suyo.
Por eso importa hablarlo con alguien que entienda el contexto: no solo qué sientes, sino de dónde viene.
Qué ayuda
- Ponerle nombre a los siete duelos. Buena parte del alivio llega cuando la persona entiende que no está fallando ni es desagradecida: está elaborando siete pérdidas a la vez.
- Trabajar la culpa. La culpa por haberse ido, por no estar, por no mandar más, por estar mal "teniéndolo todo". En población latinoamericana es el síntoma que más pesa y el que menos se dice en voz alta.
- Reconstruir red. No sustituye a la que se dejó, pero la soledad forzada es el estresor central: cualquier vínculo estable en el país de acogida cambia el pronóstico.
- Sostener los rituales propios. La comida, la música, las fechas, la lengua. No es nostalgia inútil: es lo que mantiene la identidad mientras se construye la nueva.
- Acompañamiento psicológico cuando los síntomas llevan meses. El trabajo no es "superar" la migración, sino que deje de costar todo lo que cuesta hoy.
Cuándo pedir ayuda
- Llevas meses con dolores de cabeza, insomnio o cansancio que no se explican por nada físico.
- Te sientes culpable todo el tiempo: por haberte ido, por no estar, por no ser suficiente.
- Te cuesta concentrarte, se te olvidan las cosas, te sientes perdido.
- Estás funcionando por fuera —trabajas, cumples, respondes— y por dentro estás vacío.
- Evitas llamar a tu familia porque después quedas peor.
- Aparecen ideas de no querer seguir viviendo. En ese caso busca ayuda de inmediato: en Colombia, las líneas 106 o 123; desde el exterior, el servicio de urgencias de tu país.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el duelo migratorio?
Es el proceso de elaborar lo que se pierde al emigrar. Según Joseba Achotegui son siete duelos simultáneos: la familia, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el grupo de pertenencia y la seguridad física. Es un proceso normal, no una enfermedad.
¿Qué es el síndrome de Ulises?
Es el duelo migratorio extremo, descrito por Achotegui en 2002. Su nombre técnico es síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple. Aparece cuando la migración ocurre en condiciones muy duras y sostenidas, y no es un trastorno mental: es un cuadro reactivo de estrés.
¿Cuáles son los síntomas del síndrome de Ulises?
Tristeza, llanto y culpa; tensión, preocupaciones recurrentes, irritabilidad e insomnio; dolor de cabeza, fatiga y dolores de espalda o articulaciones; y fallos de memoria, atención o sensación de estar perdido. El dolor de cabeza es el síntoma más característico.
¿El síndrome de Ulises es una enfermedad mental?
No. Achotegui insiste en que es un cuadro reactivo de estrés que está en el límite de la psicopatología pero fuera de ella. De hecho, la persona suele seguir funcionando y trabajando, que es una de las razones por las que pasa desapercibido.
¿Cómo se diferencia de una depresión?
Los síntomas se parecen, pero la causa es distinta. El síndrome de Ulises responde a estresores concretos que siguen presentes: soledad forzada, miedo, fracaso del proyecto migratorio y lucha por la supervivencia. Achotegui advierte que se diagnostica mal como depresión con frecuencia, y eso lleva a tratamientos inadecuados.
¿Cuánto dura el duelo migratorio?
No hay un plazo fijo. Depende de si el duelo se puede elaborar: si es posible visitar a la familia, traerla o regresar, el proceso avanza. Cuando ninguna de esas puertas está abierta, el duelo se cronifica y ahí es donde conviene pedir ayuda.
¿Sirve la terapia en línea si vivo fuera de Colombia?
Sí, y en este caso tiene una ventaja concreta: poder hablar en tu propio acento, con alguien que conoce el contexto que dejaste y no necesita que le expliques por qué duele. Las sesiones se hacen por videollamada desde cualquier país.
Una nota personal
Escribo sobre el duelo migratorio desde la psicología, pero también desde mi propia experiencia: yo también he emigrado. Yo también he vivido esa mezcla de ilusión por lo que empieza y nostalgia por todo lo que queda atrás.
Sé que migrar no es solamente hacer una maleta y empezar una vida nueva. Es aprender a vivir con las ausencias, extrañar cosas que antes parecían pequeñas —una calle, una comida, una voz, incluso una versión de ti que existía cuando estabas en casa— y descubrir que una parte de ti sigue ligada al lugar que dejaste atrás. Cada historia migratoria es diferente y no pretendo saber exactamente cómo te sientes. Pero sí conozco esa sensación de estar construyendo una vida nueva mientras sigues queriendo profundamente la que dejaste. Por eso, cuando acompaño a otras personas migrantes, no lo hago solo desde la teoría.
Si alguna vez te tocó irte, quiero que sepas que no tienes que hacer que todo parezca bonito para que tu historia tenga valor. No tienes que tenerlo todo resuelto, ni demostrar que irte fue la decisión correcta. A veces reconstruirse simplemente significa levantarse un día más, hacer hogar con lo que tienes y permitirte echar raíces sin dejar de querer aquello que dejaste atrás. Y si hoy nadie te lo ha dicho: qué valiente ha sido llegar hasta aquí.
Da el siguiente paso
Y si quieres acompañamiento para ese proceso, hablarlo ayuda. En Tranquilamente puedes agendar una sesión por videollamada con psicólogos colombianos, desde el país donde estés y en horarios pensados para quienes viven en otro huso horario. La primera sesión tiene descuento y es confidencial.
Referencias
- Achotegui, J. (2008). Duelo migratorio extremo: el síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (síndrome de Ulises). Psicopatología y Salud Mental, 11, 15–25.
- Achotegui, J. (2002). La depresión en los inmigrantes: una perspectiva transcultural. Ediciones Mayo.
- Cruz-Díaz, V., et al. (2025). Factores de riesgo asociados al síndrome de Ulises en población migrante venezolana en el departamento de Santander, Colombia. Psychologia.
- American Psychiatric Association. (2022). Entrevista de Formulación Cultural. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5.ª ed., texto revisado).
- Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y Organización Internacional para las Migraciones. Cifras de colombianos en el exterior y registro consular.
- Renner, A., Schmidt, V., y Kersting, A. (2024). Migratory grief: a systematic review. Frontiers in Psychiatry, 15, 1303847.
- Organización Mundial de la Salud. (2025). Salud mental de refugiados y migrantes.
Este contenido es educativo y no sustituye la valoración ni el tratamiento de un profesional de salud mental. Escrito y revisado por Viviana Navarro, psicóloga de Tranquilamente.co.
Psicólogos recomendados para ti
11 años de experiencia
Ansiedad, Autoestima y confianza, Depresión, Enfermedad crónica avanzada, Pautas de crianza
Más información sobre Andres Ortiz Ortega
11 años de experiencia
Duelos, Terapia de pareja, Terapia de familia, Adicciones, Depresión
Más información sobre Yanet Cardona Sánchez
7 años de experiencia
Regulación emocional, Ansiedad, Afectividad, Autorregulación emocional, Culpa y autoaceptación
Más información sobre Diana Patricia Quintana Parra
