Sobrecarga del cuidador: señales para reconocerla y cuidar de ti

Por Diana Quintana - 24 Septiembre 2026

Sobrecarga del cuidador: señales para reconocerla y cuidar de ti

En resumen: Cuidar a una persona puede contribuir al sostenimiento social y garantizar el bienestar del otro. Sin embargo, se ha evidenciado que el cuidado constante de personas con enfermedades crónicas, discapacidad o alta dependencia puede generar estrés. Cuando ese desgaste se vuelve permanente, puede hablarse de sobrecarga del cuidador. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud Mental de 2025, en Colombia el 5,2% de la población adulta asume el cuidado de alguna persona con dificultades de salud física o discapacidad, y el 53,8% de esta población presenta sobrecarga del cuidador, siendo más frecuente en mujeres, con un 58,2%.

La labor de cuidado puede ser ejercida por un familiar; por un cuidador informal, que no tiene relación familiar ni formación específica y puede desempeñarla de forma remunerada o no; y por un cuidador formal, quien cuenta con formación en el área y mantiene un vínculo laboral para ejercer el cuidado (MSPS, 2016).

En Colombia, 8,6 millones de personas mayores de 10 años realizan labores de cuidado directo sin remuneración, y esta labor es más frecuente entre las mujeres. Se ha evidenciado que las mujeres dedican, en promedio, 2 horas y 15 minutos diarios a actividades de cuidados directos, frente a 1 hora y 28 minutos en el caso de los hombres (DANE y ONU Mujeres, 2020).

El Ministerio de Salud y Protección Social (MSPS, 2016) señala que el rol del cuidador puede afectar significativamente la vida cotidiana, provocar malestar emocional, generar tensiones familiares y sobrecarga de tareas, lo que puede conducir a la aparición de sintomatología ansiosa, depresiva y de estrés, así como alteraciones del sueño y hábitos de alimentación inadecuados.

¿Qué es la sobrecarga del cuidador?

La sobrecarga del cuidador, también llamada síndrome del cuidador, se refiere al malestar que pueden experimentar los cuidadores cuando las exigencias de esta tarea empiezan a afectar su bienestar físico, emocional, social y económico (Liu et al., 2023). En algunos casos, la carga del cuidador puede acompañarse de una disminución del bienestar psicológico y de la satisfacción con la vida, especialmente cuando las demandas del cuidado interfieren con las necesidades y actividades de la persona que ejerce el rol de cuidador (Atay et al., 2026).

En la literatura internacional sobre cuidadores informales se evidenció que cerca de un tercio de los cuidadores presentan síntomas de depresión y otro tercio, de ansiedad (Soh et al., 2025). Asimismo, Lillo-Navarro et al. (2023) realizaron un estudio sobre el impacto de la pandemia en la salud y la atención de niños con discapacidad y sus familias, en el que evidenciaron una sobrecarga muy elevada en el 84,8% de los padres, especialmente en aquellos con hijos con niveles más altos de dependencia. Mientras tanto, en Colombia los números dan una idea de qué tan frecuente es la sobrecarga del cuidador: un estudio en Medellín con cuidadores primarios de adultos mayores encontró una prevalencia de sobrecarga del 12,17% (Cardona et al., 2013).

La sobrecarga del cuidador se mide con instrumentos validados, como la Escala de sobrecarga del cuidador de Zarit, que evalúa la percepción de la carga asociada al cuidado y su impacto en diferentes áreas de la vida.

Señales de alerta

La sobrecarga puede desarrollarse de forma progresiva y, en ocasiones, sus señales pueden pasar desapercibidas. Por eso te invitamos a tener en cuenta las señales más frecuentes:

  • Cansancio que no cede con el descanso: duermes y amaneces igual de agotado.
  • Irritabilidad: con la persona que cuidas o con terceros.
  • Aislamiento o baja motivación: dejaste de ver a tus amigos, de salir y de hacer lo que te gustaba. Muchas veces sin decidirlo, simplemente por falta de tiempo.
  • Síntomas físicos: dolores de cabeza o de espalda, problemas digestivos, gripas frecuentes, alteraciones del sueño y cambios en la alimentación.
  • Descuido de tu salud física y mental: aplazas tus citas médicas, actividades y responsabilidades para cumplir con las obligaciones de cuidado.
  • Ansiedad anticipatoria: estás en alerta permanente por si ocurre algo, incluso cuando no estás cuidando.
  • Tristeza o desesperanza: la sensación de que esto no va a cambiar.
  • Pensamientos que te asustan: desear que todo termine, sentirte una mala persona por pensarlo, entre otros.

Si te reconoces en varias de estas señales, no significa que estés fallando. Significa que llevas demasiado tiempo sosteniendo.

La culpa del cuidador

Hay un conjunto de emociones que pueden surgir en la tarea de cuidado, entre las que se encuentra la culpa. En ocasiones, los cuidadores suelen sentir culpa por sentirse agotados, por desear tiempo libre, por no poder garantizar el bienestar total de la persona que cuidan, por tomar decisiones en la vida de esa persona, por querer descansar e incluso por querer realizar actividades distintas a la de cuidar del otro.

Sin embargo, es importante reconocer lo demandante que puede ser asumir el cuidado de otra persona y validar la experiencia emocional del cuidador, entendiendo que en muchas ocasiones se ven afectadas su vida personal, social, familiar y de pareja, así como su bienestar global.

La culpa, así como todas las emociones que pueden surgir ante la sobrecarga del cuidador, son reacciones humanas. Todo el malestar puede incrementarse por la cantidad de responsabilidades y por la limitada red de apoyo con la que cuentan los cuidadores. Sin embargo, para el cuidador puede ser agotador experimentar esta emoción todos los días y, en ocasiones, tener pensamientos constantes con la intención de eliminar este sentir de sus vidas, como: "debería sentirme afortunado de tener a esta persona", "no debería pensar solo en mí", "es mi deber cuidar de esta persona", "debo ser agradecido".

La lucha constante por eliminar la culpa y dejar de lado estos pensamientos puede, en la mayoría de las ocasiones, incrementar su frecuencia y el malestar emocional. Por este motivo, es importante validar las experiencias emocionales, teniendo en cuenta que es humano experimentarlas, más aún debido al agobio que puede generar el rol de cuidado. Recuerda: las emociones y los pensamientos hacen parte de una vida plena; sin embargo, si notas que te desbordan y te alejan de lo que es importante para ti, puedes buscar la ayuda necesaria para garantizar tu bienestar.

¿Qué hace que la sobrecarga aumente?

Los estudios coinciden en varios factores que agravan el cuadro:

  • Las horas diarias de cuidado. Una mayor dedicación al cuidado se asocia con una mayor sobrecarga.
  • Contar con poco o ningún apoyo familiar. Cuando el resto de la familia aporta poco o nada, la carga recae en una sola persona.
  • El parentesco. Este vínculo puede variar la forma en que se experimenta la sobrecarga.
  • Haber abandonado tus propias actividades: el trabajo, los estudios, los planes, la vida social.
  • La gravedad y los síntomas de la enfermedad.

¿Qué puede ayudar?

La evidencia disponible indica que los programas educativos dirigidos a cuidadores que buscan desarrollar habilidades pueden contribuir a disminuir la sobrecarga y los síntomas emocionales (Jensen et al., 2015).

  • Entender la enfermedad: mayor psicoeducación de la enfermedad por parte de los profesionales a los cuidadores, lo que puede reducir la ansiedad y minimizar las interpretaciones erróneas.
  • Equilibrar la carga: establecer tiempos de cuidado con la red de apoyo de manera concreta y directa.
  • Tener un espacio personal, aunque sea pequeño y regular. Momentos fijos a lo largo de la semana para descansar o realizar actividades placenteras.
  • Aprender a poner límites sin sentir que estás abandonando. Es una habilidad que se entrena y en la que se trabaja principalmente en consulta. Si te cuesta, poner límites sanos es un buen punto de partida.
  • Cuidar el sueño: las alteraciones en el sueño son frecuentes entre las personas cuidadoras y pueden incrementar el malestar físico y emocional.
  • Buscar acompañamiento psicológico cuando las señales persisten durante meses. La terapia puede ser una fuente de apoyo que favorezca tu bienestar emocional y ayude a encontrar estrategias de afrontamiento.
  • Grupos de cuidadores, donde escuchar a alguien que siente lo mismo puede hacer que la culpa pierda fuerza.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

  • El cansancio y la tristeza llevan varios meses y no ceden.
  • Dejaste de hacer todo lo que era tuyo.
  • Estás usando alcohol o medicamentos para dormir o para aguantar el día.
  • Sientes rabia o desprecio hacia la persona que cuidas, o miedo de perder el control con ella.
  • Tu propia salud se está deteriorando.
  • Aparecen ideas de no querer seguir viviendo. En ese caso busca ayuda de inmediato: en Colombia, las líneas 106 o 123.

Hay una frase que se repite en consulta y que vale la pena tener presente: si el cuidador se enferma, se enferman dos. Cuidarte no le quita nada a quien cuidas, porque tu bienestar también es importante.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la sobrecarga del cuidador?
Es el agotamiento físico, emocional y mental de quien asume el cuidado sostenido de una persona dependiente. También se le llama síndrome del cuidador y se mide con instrumentos validados, como la escala de Zarit.

¿Cuáles son las señales de sobrecarga del cuidador?
Algunas señales pueden ser: cansancio que no cede con el descanso, irritabilidad seguida de arrepentimiento, aislamiento social, síntomas físicos como dolores o insomnio, descuido de la propia salud, ansiedad anticipatoria, tristeza persistente y pensamientos que asustan, como desear que todo termine.

¿Es normal sentir rabia o culpa al cuidar a un familiar?
Es posible experimentar varias emociones, y la culpa es una de las más frecuentes. Puede surgir del cansancio y del agobio de cuidar a otro, y no mide el cariño que sientes por esa persona.

¿Qué tan frecuente es la sobrecarga del cuidador en Colombia?
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud Mental de 2025, en Colombia el 5,2% de la población adulta asume el cuidado de alguna persona con dificultades de salud física o discapacidad, y el 53,8% de esta población presenta sobrecarga del cuidador, siendo más frecuente en mujeres, con un 58,2%.

¿Qué aumenta la sobrecarga del cuidador?
Las horas diarias de cuidado, junto con ser el único cuidador, haber abandonado las propias actividades, no tener relevo y la gravedad de la enfermedad, pueden ser factores que incrementan la sobrecarga del cuidador.

¿Cuándo debe un cuidador buscar ayuda psicológica?
Cuando el cansancio y la tristeza llevan meses sin ceder, dejaste de hacer lo que era tuyo, usas alcohol o medicamentos para aguantar, sientes rabia hacia la persona que cuidas o tu propia salud se deteriora. Si aparecen ideas de no querer seguir viviendo, busca ayuda de inmediato.

Da el siguiente paso

Si llevas meses cuidando y te reconociste en varias de estas señales, hablarlo con un psicólogo no es un lujo ni un acto de egoísmo: es parte de sostener el cuidado sin romperte. En Tranquilamente puedes agendar una sesión por videollamada con psicólogos colombianos, desde tu casa y en los horarios que te queden posibles. La primera sesión tiene descuento y es confidencial.

Referencias

  • Atay, E., Akçoban, S., y Tosun, B. (2026). Evaluation of care burden, psychological well-being and life satisfaction of informal caregivers caring of older people. Geriatric Nursing, 67, 103715.
  • Cardona, D., Segura, Á. M., Berbesí, D. Y., y Agudelo, M. A. (2013). Prevalencia y factores asociados al síndrome de sobrecarga del cuidador primario de ancianos. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, 31(1), 30–39.
  • Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y ONU Mujeres. (2020). Tiempo de cuidados: las cifras de la desigualdad.
  • Jensen, M., Agbata, I. N., Canavan, M., y McCarthy, G. (2015). Effectiveness of educational interventions for informal caregivers of individuals with dementia residing in the community. International Journal of Geriatric Psychiatry, 30(2), 130–143.
  • Lillo-Navarro, C., Robles-García, V., Quintela del Río, A., Macías-Merlo, L., Konings, M., y Monbaliu, E. (2023). Impacto del periodo de confinamiento por la pandemia COVID-19 en España sobre la salud y la atención recibida por los niños, niñas y jóvenes con discapacidad originada en la infancia. Fisioterapia, 45(2), 74–83.
  • Liu, F., Shen, Q., Huang, M., y Zhou, H. (2023). Factors associated with caregiver burden among family caregivers of children with cerebral palsy: A systematic review. BMJ Open, 13(4).
  • Ministerio de Salud y Protección Social. (2025). Encuesta Nacional de Salud Mental 2025: presentación de resultados.
  • Ministerio de Salud y Protección Social. (2016). Manual de cuidado al cuidador de personas con trastornos mentales y/o enfermedades crónicas discapacitantes. Convenio 547 de 2015 MSPS–OIM.
  • Soh, X. C., Hartanto, A., Ling, N., Reyes, M., Sim, L., y Majeed, N. M. (2025). Prevalence of depression, anxiety, burden, burnout, and stress in informal caregivers: An umbrella review of meta-analyses. Archives of Gerontology and Geriatrics Plus, 2(3), 100197.
  • Zarit, S. H., Reever, K. E., y Bach-Peterson, J. (1980). Relatives of the impaired elderly: Correlates of feelings of burden. The Gerontologist, 20(6), 649–655.

Este contenido es educativo y no sustituye la valoración ni el tratamiento de un profesional de salud mental. Escrito por Diana Quintana Parra, psicóloga de Tranquilamente.

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