Las etapas del duelo: qué son y por qué no siempre se cumplen
Por Claudia Montoya - 9 Octubre 2026 - Cómo revisamos nuestro contenido
En resumen: Las cinco etapas del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) son el modelo más conocido del mundo, y también el peor entendido. Elisabeth Kübler-Ross las describió observando a personas que sabían que iban a morir, no a personas que habían perdido a alguien. Los estudios que han seguido a personas en duelo durante años no encuentran que se atraviesen en ese orden, ni que todos pasen por las cinco. Aquí verás qué dicen realmente esas etapas, por qué no funcionan como un mapa, qué modelos usan hoy los psicólogos y cuándo un duelo necesita ayuda profesional.
Cuando alguien pierde a una persona importante, es casi inevitable que aparezca la pregunta: "¿en qué etapa del duelo estoy?". Y después, casi siempre, una segunda: "¿por qué no me siento como dice que debería sentirme?".
Esa segunda pregunta es la que más daño hace. Millones de personas han llegado a creer que su dolor va mal porque no encaja en un esquema de cinco pasos. Antes de hablar de las etapas, vale la pena saber de dónde salieron.
Cuáles son las 5 etapas del duelo
El modelo viene de la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, que en 1969 publicó Sobre la muerte y los moribundos. Estas son las cinco fases del duelo tal como ella las describió:
- Negación. "Esto no está pasando." La mente pone una pausa ante una realidad que todavía no puede sostener. Suele aparecer en las primeras horas o días y funciona como una anestesia temporal.
- Ira. "¿Por qué a mí?" La rabia puede dirigirse a los médicos, a la familia, a Dios, a la vida, a la persona que se fue e incluso a uno mismo. Es una de las emociones que más culpa genera, y una de las más frecuentes.
- Negociación. "Si hubiera llegado antes al hospital…" Es el intento de recuperar el control sobre algo que ya no lo tiene, muchas veces en forma de promesas o de escenarios hipotéticos que se repiten en la cabeza.
- Depresión. La tristeza profunda, el vacío, el desinterés por lo que antes importaba. No es un trastorno depresivo: es el peso de la pérdida haciéndose real.
- Aceptación. No es "estar bien" ni haber superado nada. Es poder vivir con la ausencia, retomar la vida y que el recuerdo deje de doler como dolía al principio.
Por qué las etapas del duelo no funcionan como un mapa
Aquí está lo que casi nunca se cuenta, y es importante que lo sepas si estás atravesando una pérdida.
Kübler-Ross no estudió a personas en duelo. Su trabajo se basó en entrevistas con pacientes con enfermedades terminales: personas que estaban procesando su propia muerte inminente. El modelo se popularizó tanto que terminó aplicándose a quienes se quedan, que es una experiencia distinta. Ella misma advirtió después que las etapas nunca fueron pensadas como una secuencia obligatoria.
Los estudios no confirman el orden. Cuando los investigadores han seguido a personas en duelo a lo largo del tiempo, no han encontrado que se avance por fases ordenadas y separadas. El estudio más citado que puso a prueba la teoría por etapas encontró que la emoción dominante durante la mayor parte del proceso no era la negación ni la ira, sino la añoranza: el extrañar a la persona.
Y creer en las etapas puede hacer daño. Cuando alguien espera sentir negación y siente rabia, o espera haber "llegado a la aceptación" a los seis meses y sigue llorando, concluye que está haciendo mal su duelo. Eso agrega culpa a un dolor que ya es suficiente, y hace que algunas personas no pidan ayuda porque creen que su reacción es anormal.
Entonces, ¿cómo es el duelo en realidad?
La descripción que mejor reconocen las personas en duelo no es una escalera, sino un vaivén.
El modelo de proceso dual, propuesto por Margaret Stroebe y Henk Schut, describe el duelo como un movimiento de ida y vuelta entre dos frentes: por un lado el dolor de la pérdida, y por otro las tareas de seguir viviendo. Hay días en que la ausencia ocupa todo, y días en que uno trabaja, se ríe con alguien y hasta se olvida por un rato.
Ese ir y venir no es incoherencia ni falta de amor. Es exactamente lo que permite elaborar la pérdida sin quebrarse. Reírse un martes no borra el dolor del miércoles, y descansar del duelo es parte del duelo.
Las tareas del duelo: un modelo más útil
El psicólogo J. William Worden propuso pensar el duelo no como etapas que te ocurren, sino como tareas en las que uno participa activamente. Son cuatro y no tienen un orden fijo:
- Aceptar la realidad de la pérdida. No solo saberlo, sino que el cuerpo lo entienda. Por eso los rituales de despedida importan tanto, y por eso las muertes repentinas o sin cuerpo son más difíciles de elaborar.
- Atravesar el dolor. Sentirlo en lugar de esquivarlo. Mantenerse ocupado o evitar todo lo que recuerde a la persona suele alargar el proceso.
- Adaptarse a un mundo sin esa persona. Aprender lo que ella hacía, ocupar roles nuevos, reconstruir la rutina y a veces la identidad.
- Encontrarle un lugar en la memoria y seguir viviendo. No se trata de soltar el vínculo, sino de transformarlo: que quepa en tu vida sin ocupar todo el espacio.
¿Cuánto dura el duelo?
No hay un plazo. Depende de quién se fue, de cómo fue la muerte, de tu historia y de la red de apoyo que tengas. Sí hay una tendencia general: la mayoría de las personas recupera su funcionamiento cotidiano durante el primer año, aunque el dolor reaparezca con fuerza en los cumpleaños, las fechas especiales y los aniversarios.
Eso no significa que al año el duelo "termine". Significa que deja de ocupar el centro de todo. Las oleadas se vuelven más espaciadas y más cortas, y aparece la posibilidad de recordar sin que duela igual.
Cuándo el duelo se vuelve duelo prolongado
En una minoría de casos, el proceso se estanca. A esto se le llama duelo prolongado (antes conocido como duelo patológico o complicado), y desde 2022 está reconocido como diagnóstico en el DSM-5-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría y en la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud.
Las dos clasificaciones piden que haya pasado un tiempo mínimo desde la muerte: doce meses en adultos según el DSM-5-TR, y seis meses según la CIE-11. Y que la añoranza o la preocupación por la persona fallecida siga siendo tan intensa que impida funcionar. Se estima que afecta a cerca del 5% de las personas en duelo, así que es poco frecuente, pero real.
No hace falta esperar un año para pedir ayuda. Estas son señales de que vale la pena consultar:
- El dolor no cede con los meses y sientes que sigues en el mismo punto del principio.
- No logras retomar el trabajo, el estudio o el cuidado de ti mismo.
- Evitas por completo lugares, objetos o conversaciones que te recuerden a la persona. O al contrario, no puedes pensar en nada más.
- La culpa ocupa el centro: sientes que pudiste haber hecho algo distinto.
- Aumentó tu consumo de alcohol o de medicamentos para dormir o sobrellevar el día.
- Aparecen ideas de no querer seguir viviendo.
Si tienes pensamientos de hacerte daño, busca ayuda de inmediato. En Colombia puedes llamar a la línea 106 o al 123.
El duelo no es solo por una muerte
También se hace duelo por una separación o un divorcio, por una pérdida perinatal, por la muerte de una mascota, por migrar y dejar atrás la vida que se tenía, por un diagnóstico que cambia el futuro o por la pérdida del trabajo. Y existe el duelo anticipado, el que empieza antes de la muerte cuando se acompaña a alguien con una enfermedad avanzada.
Todas son pérdidas reales y todas se elaboran. No necesitas justificar tu dolor ni compararlo con el de nadie para pedir ayuda.
Qué ayuda de verdad
- Poner el dolor en palabras. Hablarlo con alguien que no te apure ni intente arreglarlo. Escribir también sirve.
- No aislarte del todo, ni obligarte a estar acompañado. Busca el punto intermedio que tú puedas sostener.
- Sostener lo básico: comer, dormir y moverte. El duelo desordena el sueño, y dormir mal amplifica todo lo demás. Si ese es tu caso, la higiene del sueño puede ayudarte mientras trabajas el duelo.
- Permitirte los días buenos sin sentir que traicionas a quien se fue.
- Desconfiar de los plazos ajenos. "Ya deberías estar mejor" no es un criterio clínico.
- Pedir ayuda profesional si te reconoces en las señales de arriba. La terapia de duelo no borra la pérdida: ayuda a que puedas vivir con ella.
Lo que he visto en consulta
Por Claudia Montoya, psicóloga de Tranquilamente y revisora de este artículo.
En estos años acompañando procesos de duelo he constatado una y otra vez la tendencia humana a evitar el contacto con el malestar, con las emociones que duelen tras una pérdida. Y es justamente ahí donde está la elaboración.
Recuerdo a una persona que llegó a consulta por una ruptura. A medida que avanzaron las sesiones apareció otra pérdida, anterior y sin elaborar: la de su mascota. Cuando le pregunté por eso me contó lo que había pasado, y que todavía guardaba sus cenizas en casa. Lo dijo con vergüenza, porque un profesional anterior le había dicho que el día en que pudiera deshacerse de ellas sería la señal de que el duelo estaba resuelto.
No comparto ese punto de vista y se lo dije. La propuesta fue otra: trabajar para que ese dolor encontrara un lugar. Recurrimos a las memorias de lo que ese animal había significado, a lo que le había enseñado, y nombramos también lo doloroso. Con el tiempo pudo agradecerle por lo que le dio mientras lo acompañó. La pérdida quedó tramitada desde otra mirada y, más tranquilo, pudo ocuparse de la ruptura que lo había traído a consulta.
Hay una idea de Freud que me parece central: lo que no se puede recordar, se repite. Al intentar suprimir recuerdos o sentimientos dolorosos no solo borramos a nuestros seres queridos de nuestra vida, también intensificamos un malestar que no encuentra fin.
Los detalles de este relato han sido modificados para proteger la identidad de la persona.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las 5 etapas del duelo?
Negación, ira, negociación, depresión y aceptación, según el modelo de Elisabeth Kübler-Ross publicado en 1969. Es importante saber que ella las describió observando a pacientes con enfermedades terminales, no a personas que habían perdido a un ser querido.
¿Es obligatorio pasar por las cinco etapas del duelo?
No. Los estudios que han seguido a personas en duelo no encuentran que se atraviesen fases ordenadas ni que todos pasen por las cinco. Puedes sentirlas en otro orden, repetir algunas o no reconocer ninguna, y tu duelo sigue siendo normal.
¿Cuánto dura el duelo?
No hay un plazo fijo. La mayoría de las personas recupera su funcionamiento cotidiano durante el primer año, aunque el dolor reaparezca en fechas especiales. Cuando pasado ese tiempo el duelo sigue impidiendo funcionar, se habla de duelo prolongado.
¿Qué es el duelo prolongado o patológico?
Es un duelo que se estanca: la añoranza o la preocupación por la persona fallecida sigue siendo tan intensa que impide funcionar. El DSM-5-TR pide al menos doce meses desde la muerte en adultos y la CIE-11 al menos seis. Afecta a cerca del 5% de las personas en duelo.
¿Es normal sentir rabia o alivio después de una pérdida?
Sí. La rabia con quien se fue, con los demás o con uno mismo es frecuente, y el alivio después de una enfermedad larga también. No significan que quisieras menos a esa persona; son reacciones esperables que en terapia se trabajan sin juicio.
¿Cuándo debo buscar ayuda profesional por un duelo?
Cuando el dolor no cede con los meses, no logras retomar tu vida cotidiana, la culpa ocupa el centro, aumentó tu consumo de alcohol o medicamentos, o aparecen ideas de no querer seguir viviendo. En este último caso, busca ayuda de inmediato: en Colombia, las líneas 106 y 123.
¿Se hace duelo por algo distinto a una muerte?
Sí. Una ruptura o un divorcio, una pérdida perinatal, la muerte de una mascota, la migración, un diagnóstico o la pérdida del trabajo también se elaboran como duelos. Y existe el duelo anticipado, que empieza antes de la muerte al acompañar a alguien con una enfermedad avanzada.
Da el siguiente paso
Si estás atravesando una pérdida y sientes que el dolor no cede, no tienes que resolverlo solo ni esperar a que pase un año. En Tranquilamente ofrecemos terapia de duelo online con psicólogos colombianos especializados en duelo y pérdida, por videollamada, desde Colombia o desde el exterior. Agenda tu primera sesión y date un espacio para hablarlo.
Fuentes
- Kübler-Ross, E. (1969). On Death and Dying. Macmillan. Origen del modelo de las cinco etapas, descrito a partir de entrevistas con pacientes con enfermedades terminales.
- Maciejewski, P. K., Zhang, B., Block, S. D., & Prigerson, H. G. (2007). An empirical examination of the stage theory of grief. JAMA, 297(7), 716–723.
- Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement. Death Studies, 23(3), 197–224.
- Worden, J. W. (2018). Grief Counseling and Grief Therapy (5.ª ed.). Springer Publishing. Las cuatro tareas del duelo.
- American Psychiatric Association (2022). Prolonged Grief Disorder. DSM-5-TR. Criterio de 12 meses en adultos.
- Freud, S. (1914). Recordar, repetir, reelaborar. En Obras completas, tomo XII. Amorrortu. Origen de la idea de que lo que no se recuerda se repite.
- Organización Mundial de la Salud. CIE-11, código 6B42, Trastorno de duelo prolongado. Criterio de 6 meses.
- Revisiones de prevalencia del trastorno de duelo prolongado en población en duelo (aproximadamente 5%, con variaciones según el criterio diagnóstico aplicado).
Este contenido es educativo y no sustituye la valoración ni el tratamiento de un profesional de salud mental. Revisado por Claudia Montoya, psicóloga de Tranquilamente.
Lecturas recomendadas
30 Septiembre 2026
Duelo migratorio y síndrome de Ulises: qué son y cómo se tratan
“En resumen: Irse del país no es solo cambiar de dirección. Se dejan atrás siete cosas a la vez —la familia, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el grupo de pertenencia y la seguridad física— y cada una se llora por separado. Eso es el duelo migratorio, y es normal. Cuando ocurre en condiciones muy duras y se vuelve crónico, se llama síndrome de Ulises: no es una enfermedad mental, es una reacción de estrés extremo, y se confunde tan a menudo con una depresión que muchas personas terminan con el tratamiento equivocado.” Casi cinco millones de colombianos viven fuera del país. Entre 2019 y 2024 se fueron 1,75 millones sin volver. Uno de cada tres está en Estados Unidos y casi uno de cada cuatro en España. Muchos de ellos llegan bien: consiguen trabajo, se acomodan, arman una vida. Y aun así, algo duele de una forma que cuesta nombrar. No es tristeza exactamente. No es arrepentimiento. Es una mezcla de cansancio, de extrañar, de sentirse fuera de lugar en los dos lados: allá ya no eres de ahí, y acá todavía no eres de aquí. Eso tiene nombre. Qué es el duelo migratorioEl duelo migratorio es el proceso de elaborar todo lo que se pierde al emigrar. Lo describió el psiquiatra Joseba Achotegui, de la Universidad de Barcelona, que lleva trabajando con población migrante desde 1982. Su aporte más útil es haber mostrado que no se pierde una cosa, sino siete a la vez: • La familia y los seres queridos. El más evidente y el más doloroso, sobre todo si quedaron atrás hijos pequeños o padres enfermos. • La lengua. Incluso migrando a otro país hispanohablante: cambian los modismos, el humor, el tono. Se pierde la capacidad de hacer reír. • La cultura. Las formas de saludar, de comer, de tratar a los demás, de entender qué es ser puntual o cercano. • La tierra. El paisaje, el clima, la luz, los olores. Suena menor y es de los que más pesa. • El estatus social. Profesionales que allá eran alguien y acá empiezan de cero, muchas veces en oficios que no tienen que ver con lo que estudiaron. • El contacto con el grupo de pertenencia. Dejar de ser mayoría. Pasar a ser "el extranjero" en cada trámite y cada conversación. • La seguridad física. Los riesgos del viaje, del trabajo informal, de la situación irregular. Que esto tiene consecuencias sobre la salud mental no es solo impresión clínica. Una revisión sistemática publicada en 2024, que reunió los estudios disponibles sobre duelo migratorio, encontró que todos ellos hallaron una relación significativa entre el duelo migratorio y el malestar psicológico (Renner et al., 2024). Es una literatura todavía pequeña, con muestras reducidas, pero apunta toda en la misma dirección. Cada uno de esos duelos se elabora aparte, y por eso el proceso es tan largo: no es un duelo, son siete simultáneos. Esto, además, explica algo que desconcierta a muchas familias: se puede estar bien objetivamente y mal por dentro. Tener trabajo y papeles resuelve algunos de los siete, no todos. No todos los duelos migratorios son igualesAchotegui distingue tres niveles, y la diferencia entre ellos no está en cuánto se sufre sino en si el duelo se puede elaborar: • Duelo simple. Se emigra en buenas condiciones. Se puede visitar a la familia, traerla, volver si hace falta. Duele, y se elabora. • Duelo complicado. Se dejan atrás hijos pequeños o padres enfermos, pero existe la posibilidad real de regresar o de traerlos. • Duelo extremo. Se deja atrás a la familia sin posibilidad de traerla, ni de volver, ni siquiera de ayudarla. Aquí el duelo no se puede elaborar, porque la pérdida nunca termina de cerrarse. Es en ese tercer nivel donde aparece el síndrome de Ulises. Qué es el síndrome de UlisesAchotegui acuñó el término en 2002. Su nombre técnico es síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple, y el apodo viene del héroe griego que pasó años de adversidades lejos de los suyos. Hay un punto que conviene decir con todas las letras: el síndrome de Ulises no es un trastorno mental. Achotegui es explícito en que se trata de un cuadro reactivo de estrés, en el límite de la psicopatología pero fuera de ella. La persona no está enferma: está respondiendo de forma esperable a una situación que supera la capacidad de adaptación de cualquiera. De hecho, hay un detalle clínico que lo distingue de un trastorno adaptativo: en el trastorno adaptativo hay un deterioro significativo de la actividad social o laboral. En el síndrome de Ulises, la persona sigue funcionando. Sigue trabajando, sigue mandando remesas, sigue adelante. Por eso pasa desapercibido tanto tiempo. El objetivo de nombrarlo y atenderlo es justamente ese: evitar que el desgaste sostenido termine convirtiéndose en un trastorno mental de verdad. Los cuatro estresores que lo producenNo es la migración en sí la que enferma, sino una combinación concreta de condiciones: • La soledad forzada. No la de quien está solo un rato, sino la de quien no puede reunirse con los suyos aunque quiera. Achotegui la señala como el estresor central. • El fracaso del proyecto migratorio. No lograr salir adelante después de todo lo que costó irse, y no poder volver con ese fracaso a cuestas. • La lucha por la supervivencia. Comer mal, dormir poco, trabajar de más, mandar plata a casa antes que a uno mismo. • El miedo. A la detención, a la deportación, al abuso, a los riesgos físicos del viaje o del trabajo informal. Los cuatro se potencian entre sí. Y hay un quinto factor silencioso: la ausencia de red de apoyo, que es lo que convierte un estrés difícil en un estrés crónico. Los síntomasAchotegui los agrupa en cuatro áreas. Reconocer que vienen juntos es lo que permite identificar el cuadro: • Área depresiva: tristeza y llanto. La culpa aparece con especial fuerza en migrantes latinoamericanos, que tienden a sentirse responsables de todo lo que les pasa. Las ideas de muerte, en cambio, no son frecuentes: suele conservarse un fuerte deseo de seguir viviendo, muchas veces sostenido por los hijos que esperan al otro lado. • Área de ansiedad: tensión y nerviosismo permanentes, preocupaciones excesivas y recurrentes, irritabilidad, insomnio. • Área de somatización: aquí está el síntoma más característico del cuadro, la cefalea, junto con fatiga y dolores osteomusculares, sobre todo de espalda y articulaciones. Muchos pacientes hispanoamericanos lo describen como dolor "en las coyunturas". • Área confusional: fallos de memoria y de atención, sensación de estar perdido, desorientación en el tiempo. A veces, perderse físicamente en la ciudad. Por qué se confunde con una depresiónEsta es la parte que más importa si estás leyendo esto desde fuera de Colombia. Los síntomas del síndrome de Ulises se parecen mucho a los de una depresión: tristeza, llanto, insomnio, cansancio, dolores. Un profesional que no conozca el contexto migratorio ve ese cuadro y diagnostica lo que le resulta familiar. Achotegui advierte que esa sintomatología se diagnostica erróneamente como trastorno depresivo o psicótico, y que eso lleva a tratamientos inadecuados, a veces dañinos, y a pruebas médicas innecesarias. La diferencia es de causa, no de síntoma. Una depresión tiene su propia lógica interna. El síndrome de Ulises es la respuesta a unos estresores identificables que siguen ahí. Medicar el síntoma sin tocar la soledad, el miedo o el fracaso del proyecto es tratar la fiebre e ignorar la infección. El problema está tan reconocido que existe una herramienta específica para evitarlo: la Entrevista de Formulación Cultural del DSM-5-TR, diseñada justamente para que el profesional no lea el malestar de una persona desde un marco cultural que no es el suyo. Por eso importa hablarlo con alguien que entienda el contexto: no solo qué sientes, sino de dónde viene. Qué ayuda • Ponerle nombre a los siete duelos. Buena parte del alivio llega cuando la persona entiende que no está fallando ni es desagradecida: está elaborando siete pérdidas a la vez. • Trabajar la culpa. La culpa por haberse ido, por no estar, por no mandar más, por estar mal "teniéndolo todo". En población latinoamericana es el síntoma que más pesa y el que menos se dice en voz alta. • Reconstruir red. No sustituye a la que se dejó, pero la soledad forzada es el estresor central: cualquier vínculo estable en el país de acogida cambia el pronóstico. • Sostener los rituales propios. La comida, la música, las fechas, la lengua. No es nostalgia inútil: es lo que mantiene la identidad mientras se construye la nueva. • Acompañamiento psicológico cuando los síntomas llevan meses. El trabajo no es "superar" la migración, sino que deje de costar todo lo que cuesta hoy. Cuándo pedir ayuda • Llevas meses con dolores de cabeza, insomnio o cansancio que no se explican por nada físico. • Te sientes culpable todo el tiempo: por haberte ido, por no estar, por no ser suficiente. • Te cuesta concentrarte, se te olvidan las cosas, te sientes perdido. • Estás funcionando por fuera —trabajas, cumples, respondes— y por dentro estás vacío. • Evitas llamar a tu familia porque después quedas peor. • Aparecen ideas de no querer seguir viviendo. En ese caso busca ayuda de inmediato: en Colombia, las líneas 106 o 123; desde el exterior, el servicio de urgencias de tu país. Preguntas frecuentes¿Qué es el duelo migratorio? Es el proceso de elaborar lo que se pierde al emigrar. Según Joseba Achotegui son siete duelos simultáneos: la familia, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el grupo de pertenencia y la seguridad física. Es un proceso normal, no una enfermedad. ¿Qué es el síndrome de Ulises? Es el duelo migratorio extremo, descrito por Achotegui en 2002. Su nombre técnico es síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple. Aparece cuando la migración ocurre en condiciones muy duras y sostenidas, y no es un trastorno mental: es un cuadro reactivo de estrés. ¿Cuáles son los síntomas del síndrome de Ulises? Tristeza, llanto y culpa; tensión, preocupaciones recurrentes, irritabilidad e insomnio; dolor de cabeza, fatiga y dolores de espalda o articulaciones; y fallos de memoria, atención o sensación de estar perdido. El dolor de cabeza es el síntoma más característico. ¿El síndrome de Ulises es una enfermedad mental? No. Achotegui insiste en que es un cuadro reactivo de estrés que está en el límite de la psicopatología pero fuera de ella. De hecho, la persona suele seguir funcionando y trabajando, que es una de las razones por las que pasa desapercibido. ¿Cómo se diferencia de una depresión? Los síntomas se parecen, pero la causa es distinta. El síndrome de Ulises responde a estresores concretos que siguen presentes: soledad forzada, miedo, fracaso del proyecto migratorio y lucha por la supervivencia. Achotegui advierte que se diagnostica mal como depresión con frecuencia, y eso lleva a tratamientos inadecuados. ¿Cuánto dura el duelo migratorio? No hay un plazo fijo. Depende de si el duelo se puede elaborar: si es posible visitar a la familia, traerla o regresar, el proceso avanza. Cuando ninguna de esas puertas está abierta, el duelo se cronifica y ahí es donde conviene pedir ayuda. ¿Sirve la terapia en línea si vivo fuera de Colombia? Sí, y en este caso tiene una ventaja concreta: poder hablar en tu propio acento, con alguien que conoce el contexto que dejaste y no necesita que le expliques por qué duele. Las sesiones se hacen por videollamada desde cualquier país. Una nota personalEscribo sobre el duelo migratorio desde la psicología, pero también desde mi propia experiencia: yo también he emigrado. Yo también he vivido esa mezcla de ilusión por lo que empieza y nostalgia por todo lo que queda atrás. Sé que migrar no es solamente hacer una maleta y empezar una vida nueva. Es aprender a vivir con las ausencias, extrañar cosas que antes parecían pequeñas —una calle, una comida, una voz, incluso una versión de ti que existía cuando estabas en casa— y descubrir que una parte de ti sigue ligada al lugar que dejaste atrás. Cada historia migratoria es diferente y no pretendo saber exactamente cómo te sientes. Pero sí conozco esa sensación de estar construyendo una vida nueva mientras sigues queriendo profundamente la que dejaste. Por eso, cuando acompaño a otras personas migrantes, no lo hago solo desde la teoría. Si alguna vez te tocó irte, quiero que sepas que no tienes que hacer que todo parezca bonito para que tu historia tenga valor. No tienes que tenerlo todo resuelto, ni demostrar que irte fue la decisión correcta. A veces reconstruirse simplemente significa levantarse un día más, hacer hogar con lo que tienes y permitirte echar raíces sin dejar de querer aquello que dejaste atrás. Y si hoy nadie te lo ha dicho: qué valiente ha sido llegar hasta aquí. Da el siguiente pasoY si quieres acompañamiento para ese proceso, hablarlo ayuda. En Tranquilamente puedes agendar una sesión por videollamada con psicólogos colombianos, desde el país donde estés y en horarios pensados para quienes viven en otro huso horario. La primera sesión tiene descuento y es confidencial. Referencias • Achotegui, J. (2008). Duelo migratorio extremo: el síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (síndrome de Ulises). Psicopatología y Salud Mental, 11, 15–25. • Achotegui, J. (2002). La depresión en los inmigrantes: una perspectiva transcultural. Ediciones Mayo. • Cruz-Díaz, V., et al. (2025). Factores de riesgo asociados al síndrome de Ulises en población migrante venezolana en el departamento de Santander, Colombia. Psychologia. • American Psychiatric Association. (2022). Entrevista de Formulación Cultural. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5.ª ed., texto revisado). • Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y Organización Internacional para las Migraciones. Cifras de colombianos en el exterior y registro consular. • Renner, A., Schmidt, V., y Kersting, A. (2024). Migratory grief: a systematic review. Frontiers in Psychiatry, 15, 1303847. • Organización Mundial de la Salud. (2025). Salud mental de refugiados y migrantes. Este contenido es educativo y no sustituye la valoración ni el tratamiento de un profesional de salud mental. Escrito y revisado por Viviana Navarro, psicóloga de Tranquilamente.co.
Saber másPsicólogos recomendados para ti
19 años de experiencia
Autorregulación emocional, Terapia de pareja, Relaciones interpersonales, Depresión, Ansiedad
Más información sobre Edgar Rincon Montero
8 años de experiencia
Duelos, Depresión, Ansiedad, Autoestima y confianza, Autorregulación emocional
Más información sobre Claudia Yaneth Montoya Acevedo
11 años de experiencia
Duelos, Terapia de pareja, Terapia de familia, Adicciones, Depresión
Más información sobre Yanet Cardona Sánchez
